Hace muchos años, en las pláticas con amigos, llegó a la mesa el tema de que, por qué causa, los miembros de la agrupación política F.S.L.N., creían entender que el resto de la gente, que obviamente, no los profesa, eran mal agradecidos con la lucha en la que ellos alguna vez participaron, o que les llegaron esas historias de generación en generación. El tema era y sigue siendo tan real, tan cierto y tan palpable, que ha llegado a transmutarse en un “serio problema” sociopolítico.
Los que siguen el tema de la agenda política nacional, saben que esta es muy dinámica y contiene una gran carga de agresividad. Que a diario los políticos nacionales, ponen en la palestra el tema que les interesa y, con ello, desvían la atención de otros temas también importantes. En la actualidad, los temas giran alrededor de las agrupaciones políticas que se unen o no, en contra del partido de gobierno, el F.S.L.N. Los operadores políticos del partido de gobierno salen en defensa de lo que consideran es, para Nicaragua, “la mejor oferta política de los últimos años” apoyando sus argumentos, en las malas y falsas experiencias administrativas que les precedieron, o sea, los neoliberales.
Las redes sociales, los medios oficialistas y los independientes afines al gobierno destapan y atomizan, con tanta fuerza, su odio contra la oposición que, incluso, ofenden a todo el mundo. Se sienten tocados en sus entrañas porque no logran entender, por qué el pueblo, e incluso muchos de sus seguidores, en cualquier lugar, les expresan con una profunda mirada todo su desprecio. Ver la bandera rojinegra en los automóviles define solamente su arrogancia y prepotencia, su baja autoestima. La gran debilidad es que nunca aprendieron a discernir.
Esa manera de actuar y expresar sus sentimientos se denomina “Patrón Automático Comportamiento”. Y, ¿cómo surge este?, y ¿por qué está tan arraigado en personas que difunden sus ideales a través de los medios de comunicación? Parece inverosímil, pero la verdad surge, nace o tiene su origen en la familia, en los primeros años de vida, en el ejemplo de los padres, en cómo les llegó la información de aquella guerra, en cómo se sintieron sus padres de comprometidos con esa causa, en los juguetes “de orientación bélica” que recibían cada diciembre, en el contacto con fanatizados políticos, en la “comunidad de simpatizantes” que toman parte, pero no saben por qué, ni para qué.
Este patrón de comportamiento, va alternando entre el consciente y el subconsciente de cada uno, afectando mucho la actividad política. En algunos casos, ciertos seguidores de “aquellas doctrinas agresivas”, abandonan la parte ideológica y se dedican a la familia y a vivir su vida lejos de la política (los que quedan les dicen “abandonaron el barco”). En otros casos, prima un “aletargamiento en la actividad participativa” pero estos generan opinión y quieren que su agrupación política mejore. Se dedican a trabajar, hacer dinero y acomodan sus vidas a los vaivenes diarios (los que quedan les dicen “los metidos”). Otros, que también se alejaron porque no encontraron espacios de participación y que estaban decididos, a dar el todo por el todo por aquella agrupación política en detrimento, se volvieron críticos y sus críticas hieren, devanan y desmenuzan a ciertos compañeros que no practican la política, sino el gansterismo político (los que quedan les dicen “traidores”). Pero hay otros, ciertamente, una pequeña parte de personas (militantes), que se quedan haciendo política, generando conflictos dentro del grupo para lograr escalar posiciones de poder, que creen tener todo el control y que hacen las cosas a como ellos quieren (los que se fueron les dicen “los corruptos, los asesinos, los ineptos, etc.”).
Tanto los que se fueron, como los que quedaron tienen aún ese “Patrón Automático de Comportamiento”. Al primer llamado de su líder, solamente el que se fue y entendió “el valor de la vida” en toda su dimensión, no regresa. El “traidor” o resentido generalmente se opone a seguir mientras estén los mismos dirigiendo las riendas de esa organización, y rara vez, termina siendo parte. Los acomodados ya no pueden participar en nada, pero apoyan, tanto a los de su organización política como a los contrarios a ella, porque son figuras que no quieren poner en riesgo sus intereses particulares. Y, por último, los que siempre quedaron, los que sienten que se ganaron el derecho de mandar a los que se están reincorporando.
Y así van a seguir hasta el final de sus vidas porque nunca reconocieron, ni supieron, que tenían ese “Patrón Automático de Comportamiento” y que se lo “heredaron” a sus hijos, nietos y demás generaciones.
Llega un momento en que, actúan según les dicen -porque ya no piensan por sí mismos- y no distinguen entre una acción que tiene buenas repercusiones y una que tiene malas repercusiones. Para ellos las dos serán buenas. Así, por ejemplo, mandar a quemar y destruir iglesias, atacar el pensamiento “no alineado”, apresar al periodista, al opositor, torturar, agredir, transgredir y abusar del poder de un cargo o del poder de las armas, se vuelve tan normal en ellos que siempre encuentran justificación, sí, siempre la misma justificación: …"el imperialismo norteamericano y la oligarquía del país”.
Que, si puede cambiar este Patrón Automático de Comportamiento, estamos seguros de que sí. Y en el entendido de que quieran o no cambiar. La clave está en dejar a un lado las ideologías obsoletas, no solo las de izquierda y las de derecha, sino cualquiera que le dé vida y sustento. La tarea es, entonces, adoptar una “Nueva Mentalidad de Nación”.
El Patrón Automático de Comportamiento de las ideologías extremistas, falsas y retrógradas es repetitivo. Se construye bajo el mismo formato. A veces es sorprendente como actúan, lo mismo es Rusia y en Cuba, que en Venezuela y que en Nicaragua.
Recomendación: No hay que hacerles caso. Es mejor ignorarlos. Al ignorarlos, ellos reaccionan más agresivos pero esta vez contra si y sus familiares y poco a poco se van desgastando y quedando sin fuerzas. Ignorarlos es mejor.